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jueves, junio 09, 2011

No evitar ser actor


En una entrevista para una revista mexicana, hace unos meses, Anthony Hopkins decía:

“Hay una búsqueda de la celebridad, pero casi no hay un respeto por el esfuerzo”. (1)

Yendo más allá, podría decirse, que muchas veces, hay una mirada que se enfoca en el objetivo pero que pasa por alto el camino que debe recorrerse para lograrlo.
Ese esfuerzo, poco respetado según A. Hopkins, o ese proceso de trabajo y preparación que muchas veces se quiere evitar, es según creo el único camino para edificar tanto un trabajo en particular como una carrera.
Durante su carrera el actor debe entrenar de forma permanente y sin excusas, sus herramientas, cuerpo, voz e imaginación. Debe arriesgar, probar, cambiar, sumar o desechar todo lo que crea necesario. Debe conocer sus posibilidades para potenciarlas; sus limitaciones para enfrentarlas; la disciplina en la que trabajará, el teatro en nuestro caso, su historia, sus formas, sus tendencias, su futuro, sus personalidades, sus obras, sus tiempos.
Lo mismo ocurre con cada trabajo que deba afrontar, deberá recorrer un camino en el que pensará, probará, entrenará, cambiará, de forma individual y también con sus compañeros; interactuando, escuchando creando las relaciones y las energías que requieran sus personajes.

Veo la profesión de actor como un camino de trabajo constante, del que nunca puede apartarse. Tratar de evitar ese trabajo y ese esfuerzo es ni más ni menos que tratar de evitar ser actor.

Julio Chiorazo


(1) REVISTA MILENIO, Ciudad de México, México. Edición del 26 de diciembre de 2010.

miércoles, octubre 27, 2010

Mecanizarse, de Chaikin a Grotowski.

Hace más de 30 años, en una nota para una publicación en Barcelona, Joseph Chaikin, fundador del Open Theater, contaba su experiencia en relación con la vorágine que sufren los actores, en busca de trascendencia más allá de su trabajo. Textualmente decía: "Por aquel entonces (hablaba de sus comienzos) yo quería promocionarme como actor. Pero al actuar en "Galy Gay", personaje que, de ser un hombre bueno e inocente se transforma a base de intentar halagar, gustar y seducir, en algo totalmente mecanizado e inhumano, me di cuenta de que yo estaba haciendo lo mismo en mis deseos de convertirme en un actor famoso".
Chaikin, ponía sobre la mesa un problema que más de tres décadas despues, sigue afectando a muchos actores. Muchas veces, el intento de "gustar", hace pagar un alto precio y hace perder innumerables oportunidades de creciminento. Junto con la mecanización de la que hablaba Chaikin, aparecen las poses, los lugares comunes, las comodidades y en el mejor de los casos, nos encontramos sobre un escenario un actor que se personifca a si mismo.
Ninguno de los actores quedamos a salvo de este problema "natural". "Gustar", es un deseo casi innato, y debemos trabajar para que no interfiera con nuestro crecimiento actoral, y fundamentalmente que no vaya en contra de la naturaleza del teatro.
A la cabeza me viene la figura de Jerzy Grotowski, quien bregaba porque el actor se despojara de estereotipos, de cliches, de lugares obvios y buscaba la verdad de los personajes a través de la experimentación única e individual de sus actores.

Julio Chiorazo

sábado, julio 31, 2010

¿Qué le pasa?

Es la pregunta que más realizo cuando trabajo, cuando busco un personaje, cuando quiero encontrar un camino para alguna actuación.
¿Qué le pasa? Me abre un montón de puertas, hacia el interior de ese nuevo interrogante que me plantea el trabajo. ¿Qué le pasa… por su cabeza a un hombre que está por asesinar a un presidente? ¿Qué le pasa por el cuerpo a alguien que ha pasado su vida en prisión, cuando ve un paisaje que nunca visitará? ¿Qué le pasa por la mente a quien conoce con certeza la hora de su muerte? Siempre el ¿qué le pasa? pone en marcha los mecanismos que necesito para comenzar esa búsqueda.
Todas esas respuestas, parece tenerlas Gary Oldman, y a partir de sus actuaciones, uno, como actor, comienza a preguntarse ¿Qué le pasa por la cabeza a Gary Oldman? ¿cómo se puede ser tan natural y tan impredecible?
Él es uno de los motores que nos llevan a seguir creyendo que hay algo más allá de la naturalidad, que siempre la actuación puede depararnos nuevos interrogantes, que podemos buscar siempre un poco más, que esto jamás se termina y que hemos acertado en elegir esta profesión si empezamos a descubrir…qué le pasa a Gary Oldman.

Julio Chiorazo

martes, enero 26, 2010

Osvaldo Terranova, inspirador.


Un gran actor de verdad, capaz de expresar la inocencia más cristalina y de sugerir, a la vez, la oculta veta canallesca del mismo presunto inocente. Así se lo vio en uno de los primeros films de Torre Nilsson, El secuestrador (1958), y ese personaje -un perverso, corrupto guardián de tumbas en un cementerio- le marcó un destino en la pantalla. Aunque le tocase interpretar a un hombre bondadoso y gentil, Terranova, entre los muchos matices de su voz y su máscara, tan flexibles ambas, deslizaba siempre la inquietante posibilidad de un Otro en la sombra. Lo que no le impedía divertirse y divertirnos cuando hacía comedia, con agudo sentido del timing : el don innato -imposible de aprender, porque no se lo puede enseñar- de calcular el tiempo exacto en que hará efecto un gesto, o una réplica.
Había nacido en Villaguay, Entre Ríos, en 1924, e hizo su Conservatorio aquí, en Buenos Aires. Es probable que el público lo recuerde más por sus muchos trabajos en cine: entre otros, en Fin de fiesta, Los siete locos (siempre Torre Nilsson), La Patagonia rebelde. Yo prefiero evocarlo en el escenario, sobre todo en una actuación memorable, magnífica: cuando fue protagonista de He visto a Dios , de De Filippis Novoa, en el San Martín, dirigido por Santangelo, en la temporada 1973. Terranova fue el heredero de los grandes intérpretes del grotesco criollo, en la línea de un Luis Arata. Tenía la sutileza, el don poético de los artistas auténticos, sin perder la gracia de los tipos también auténticamente populares, en los que todos nos reconocemos.


**Artículo de Ernesto Schoo

sábado, noviembre 24, 2007

La Naturalidad Teatral


Existe una naturalidad propia del Teatro. El equilibrio perfecto entre la naturalidad cotidiana y la exageración del gesto, allí impacta la actuación en la naturalidad teatral. Necesaria para que el teatro se haga presente, para que el mensaje llegue tal cual lo propone el autor, el actor y la obra toda.
Uno de los desafios de los actores debe ser el trabajo en la busqueda de ese equilibrio.

Julio Chiorazo

martes, septiembre 25, 2007

El hombre que cambió el Teatro


"No te creo, No me convences," eran las palabras preferidas de Konstantin Sergeevich Alekseyev, más conocido en el mundo del arte como Konstantin Stanislavsky; el actor, director y empresario teatral y operático que cambió el rumbo del teatro occidental a principios de este siglo.
Su "Método", que está condensado preferentemente en tres libros, ha sido descrito y aceptado como la Biblia del teatro occidental de este siglo.
Muchos de los grandes actores contemporáneos le deben a su método el haber logrado el éxito de que han gozado en las tablas; Lawrence Olivier, Anthony Hopkins, Orson Wells, Marlon Brando, Dustin Hoffman, Al Pacino, Sean Penn, Robert De Niro entre muchos han utilizado su método.
La base fundamental del Método de Stanislavsky consiste en la interrelación entre audiencia y actor, que este convenza desde su rol en el escenario. La trilogía de Stanislavsky: "Un Actor se Prepara", "Construyendo un Carácter" y "Creando un rol," es absolutamente necesaria en la biblioteca de un actor.

(créditos a Jorge Z. Humaña, para Escáner Cultural, Chile)