Cada vez que estamos ante un personaje, estamos también ante
su historia y sus circunstancias. Historia que no solo se remite a lo que le ha
ocurrido a lo largo de la obra sino hasta sus mismos orígenes. Muchas veces esa
historia no nos es proporcionada, entonces debemos imaginarla y crearla o
investigar sobre ella si es que se trata de un personaje histórico. Y todo ese
compendio de datos deberá atravesar al personaje y depositarlo en la trama de
la obra, estando siempre presente de alguna manera en su línea de pensamiento.
Pero, ¿es posible que también hagamos presente el destino del personaje y lo
“tiñamos” con él? No me refiero a cómo será su desenlace en la obra, sino más
allá.
Quizá sea una buena elección, así como mostrar las huellas
de su pasado en su carácter, cuerpo y pensamiento, ir trazando en el mismo
sentido, algún tenue color de cómo será su final, más allá de la historia que
se esté contando.
Si muchas veces podemos verlo en los ojos de las personas
casi como un tono, por qué no habría de intentar el actor, completar la
composición de su personaje con este concepto.
¿Deberíamos entonces investigar o imaginar también el final del personaje más allá de la
obra para que nuestro trabajo sutilmente lo coloree de su destino?
Sería aún más compleja esa lucha que tiene el actor para que
el personaje no sepa lo que él ya sabe y dejarse sorprender.
Pero si las personas son complejas la composición que
hagamos de ellas en escena también debe mostrar esa complejidad.
Quizá sea una forma de humanizar más al personaje y a la vez
un nuevo riesgo. Se trata de intentar, probar y profundizar más en esa búsqueda
que es parte del trabajo y del destino del actor.
Julio Chiorazo
Julio Chiorazo